Fallecimiento del dramaturgo Franklin Domínguez deja un gran vacío en el mundo del teatro dominicano
- “El teatro es mi vida. Encontré en el teatro una pasión inexplicable, a pesar de que siempre me desarrollé en otros trabajos”
Santo Domingo, R.D. – El mundo artístico dominicano está de luto tras el fallecimiento, a las 4:30 de la madrugada de este martes 26 de agosto de 2025, del reconocido dramaturgo, actor, director y productor Franklin Domínguez, figura emblemática del teatro nacional y uno de los pilares más influyentes de la cultura en la República Dominicana.
Con más de medio siglo de trayectoria, su legado deja una huella imborrable en las tablas, la docencia, la gestión cultural y también en el cine, donde fue considerado un pionero por su visión creativa y compromiso con el arte.
En los últimos años, su salud se vio comprometida por diversas afecciones: cáncer de próstata con metástasis ósea, complicaciones derivadas del COVID-19 y una fractura de fémur que lo dejó postrado desde 2018. Aun así, jamás perdió el ánimo ni el amor por su vocación.
Un poco de historia
Nacido en Santiago de los Caballeros el 5 de junio de 1931, Domínguez construyó una vida profundamente vinculada al arte. Aunque era doctor en Derecho, su vocación lo llevó por múltiples caminos: la actuación, la dirección escénica, la escritura dramática, la docencia y hasta la política, la publicidad y el periodismo.
Autor de más de 100 obras teatrales, con 45 de ellas presentadas tanto en escenarios nacionales como internacionales, logró que varias fueran traducidas al inglés, francés, portugués, alemán, ruso y chino, ampliando así el alcance de su obra más allá del Caribe.
Mundo del arte
A lo largo de su carrera, Franklin Domínguez fue merecedor de numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Teatro y el Premio Nacional de Literatura, los dos máximos galardones en sus respectivas disciplinas.
Entre las más destacadas creaciones del maestro Franklin Domínguez, La Silla ocupa un lugar especial dentro del teatro dominicano por su profundidad simbólica y su vigencia temática. Escrita en la década de 1960, esta pieza se ha consolidado como una de las obras más representadas y estudiadas del repertorio nacional.
La Silla es una obra de corte existencialista que gira en torno a la espera de un personaje por algo —o alguien— que nunca llega. En un escenario austero, el protagonista se enfrenta al paso del tiempo, al vacío de las promesas incumplidas y a la soledad, en un claro reflejo de la incertidumbre social y política de la época.
Además, ocupó puestos clave en la institucionalidad cultural dominicana, como director de Bellas Artes en tres ocasiones y director de Información y Prensa de la Presidencia bajo cinco gobiernos distintos, demostrando su influencia tanto en la escena artística como en el ámbito público.
Su versatilidad le permitió abarcar una amplia gama de géneros teatrales: comedia, tragedia, sátira política, ópera, teatro infantil, drama cotidiano y comedia musical, consolidándolo como una de las voces más completas y respetadas del teatro nacional.
“El teatro es mi vida. Encontré en el teatro una pasión inexplicable, a pesar de que siempre me desarrollé en otros trabajos”, expresó en una de sus últimas entrevistas, reflejando la profunda entrega que lo caracterizó hasta el final.
Además de su obra, Franklin Domínguez dejó una profunda huella en las generaciones de artistas que se formaron bajo su tutela. Su influencia se extendió a lo largo de décadas, siendo guía de numerosas figuras del teatro y compañero de grandes como Monina Solá, con quien compartió momentos emblemáticos de la escena nacional.