ONU denuncia aumento del uso de la pena de muerte y represión en Corea del Norte

En esta imagen difundida por el gobierno de Corea del Norte, el mandatario norcoreano Kim Jong un pronuncia un discurso durante una reunión celebrada entre el 23 y el 27 de diciembre de 2024, en Pyongyang, Corea del Norte. (Agencia Central de Noticias de Corea/Korea News Service vía AP, Archivo)

Corea del Norte.- Un reciente informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) revela un agravamiento preocupante de la situación de los derechos humanos en Corea del Norte, incluyendo un uso cada vez más frecuente de la pena de muerte, incluso por delitos como ver y compartir contenido audiovisual extranjero.

El documento, elaborado a partir de más de 300 entrevistas a personas que escaparon del país en los últimos diez años, concluye que el régimen norcoreano ha incrementado el control sobre todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Según el informe, "ninguna otra población está sometida a tales restricciones en el mundo actual".

Además, se denuncia que las ejecuciones públicas mediante fusilamiento se han convertido en una práctica común para castigar delitos como la distribución de películas o series extranjeras, una medida orientada a sembrar el miedo entre la población y limitar el acceso a fuentes de información externa.

El Alto Comisionado Volker Türk advirtió que si esta situación persiste, el pueblo norcoreano continuará enfrentando "una represión brutal y un sufrimiento prolongado".

Represión y control total

Desde la llegada al poder de Kim Jong-un en 2011, la población albergaba esperanzas de mejoras sociales y económicas. No obstante, el informe señala que estas expectativas se desvanecieron rápidamente, sobre todo tras el colapso del diálogo con Occidente en 2019.

El gobierno ha promulgado al menos seis nuevas leyes desde 2015 que permiten aplicar la pena capital, muchas de ellas centradas en restringir el acceso a medios externos. Fugitivos entrevistados aseguraron que, desde 2020, han presenciado juicios sumarios y ejecuciones públicas por este tipo de infracciones.

Uno de los testimonios más impactantes es el de Kang Gyuri, quien presenció el juicio de un amigo condenado a muerte por poseer contenido surcoreano. “Lo juzgaron junto con narcotraficantes. Desde 2020, la gente vive con más miedo”, afirmó.

Condiciones inhumanas y trabajo forzado

El informe destaca que muchas personas viven en condiciones extremas de pobreza y hambre. Comer tres veces al día se considera un lujo y, durante la pandemia de COVID-19, se reportaron muertes por desnutrición en todo el país.

Las autoridades también intensificaron las medidas de control fronterizo, ordenando disparar a quienes intenten escapar, además de reprimir los mercados informales que antes servían como sustento para muchas familias.

Otro aspecto alarmante es el uso creciente del trabajo forzado, especialmente entre personas pobres, huérfanos y menores de edad. Se conforman "brigadas de choque" para trabajos pesados en construcción o minería, donde las muertes son comunes, pero presentadas por el régimen como “sacrificios” en honor a Kim Jong-un.

Campos de prisioneros y llamados a la comunidad internacional

A más de una década del informe de la ONU en 2014 que denunció crímenes de lesa humanidad en Corea del Norte, la investigación de 2025 confirma que al menos cuatro campos de prisioneros políticos siguen activos. Allí, los detenidos continúan siendo víctimas de tortura, trabajos forzados y condiciones inhumanas.

Si bien se reportaron "ligeras mejoras" como una leve reducción de la violencia por parte de los guardias, los abusos persisten, y muchas personas mueren por maltrato o desnutrición.

Ante este panorama, la ONU reitera su llamado a remitir la situación de Corea del Norte a la Corte Penal Internacional, aunque reconoce que China y Rusia han bloqueado repetidamente esta medida en el Consejo de Seguridad de la ONU desde 2019.

En su declaración final, Türk instó al régimen a cerrar los campos de prisioneros políticos, cesar el uso de la pena de muerte y permitir la enseñanza de derechos humanos en el país. “Nuestros informes muestran un claro y firme deseo de cambio, especialmente entre los jóvenes norcoreanos”, concluyó.